Voces Fulbright: Eduardo Bendek, Senior Optical Scientist en NASA
Te invitamos a conocer las historias de nuestra comunidad Fulbright: trayectorias que conectan excelencia académica, colaboración internacional e impacto público en Chile y el mundo.
Ciencia chilena detrás de una misión espacial de NASA
En esta segunda edición, conversamos con Eduardo Bendek Selman, Fulbrighter chileno, astrónomo y Senior Optical Scientist en NASA, sobre su experiencia como becario del Programa Fulbright International Science and Technology en la University of Arizona, su trayectoria y su trabajo en tecnologías vinculadas a la exploración espacial.
Su historia nos habla de la conexión entre una formación científica de alto nivel, vínculos y redes internacionales y un trabajo de largo aliento en una de las áreas más desafiantes de la astronomía contemporánea: el desarrollo de instrumentos capaces de observar planetas fuera del sistema solar.
Uno de los hitos más relevantes de su carrera ha sido su participación en el Roman Space Telescope, misión de NASA en la que ha trabajado durante 15 años y que, según relata, lleva tecnología cuyo objetivo principal es avanzar en la búsqueda de planetas alrededor de Alfa Centauri, uno de los grandes desafíos científicos en astronomía.
A lo largo de su carrera, Eduardo ha recibido importantes reconocimientos, entre ellos la NASA Exceptional Technology Achievement Medal en 2016, la NASA Postdoctoral Fellowship Award en 2012 y diversos NASA/JPL Voyager Awards por su trabajo en tecnologías ópticas de alta precisión y sistemas vinculados al Roman Coronagraph Instrument.
Experiencia Fulbrighter
Cuando Eduardo recuerda su experiencia como becario Fulbright en la University of Arizona, destaca tanto la formación técnica como el valor humano y profesional de la comunidad internacional que encontró durante ese periodo.
“Tengo un excelente recuerdo de mis tiempos en University of Arizona, apoyado por Fulbright Science and Technology. Yo creo que lo más importante fue la red que formamos mientras realizábamos nuestros programas, porque en cada cohorte de Fulbright éramos 40 o 50 personas de distintos países del mundo, con quienes hasta ahora somos muy buenos amigos, y nos brindan excelentes conexiones y oportunidades de amistad y también de trabajo”, comenta.
Para Eduardo, esas redes trascienden e impactan la experiencia personal de cada becario y el intercambio genera beneficios para todos los que participan en el programa. Una oportunidad así “tiene un valor increíble tanto para el becario como para Chile y Estados Unidos. Es algo tremendamente valioso”, señala.
Su paso por la University of Arizona fue clave, según nos cuenta. “La parte técnica en la University of Arizona fue fantástica. En el desarrollo de sistemas ópticos y telescopios espaciales, es una de las mejores universidades del mundo. Estoy muy contento con esa formación”, señala. Y lo cierto es que la universidad ocupa un lugar de referencia mundial en el desarrollo de sistemas ópticos y telescopios espaciales, un campo que marcaría profundamente su trayectoria posterior.
Una carrera multidisciplinaria
La trayectoria de Eduardo se ha construido en el cruce entre astronomía, ingeniería óptica y el desarrollo de tecnologías para misiones espaciales. En efecto, uno de los desafíos que ha guiado buena parte de su trabajo “ha sido buscar un planeta como la Tierra en Alfa Centauri, que es la estrella más cercana a la Tierra y al sistema solar”, explica.
Ese objetivo, señala, combina preguntas científicas profundas con desafíos tecnológicos de enorme complejidad. “Este desafío me ha llevado a combinar el trabajo científico de entender los planetas y la evolución de las estrellas, con un trabajo mucho más técnico enfocado en desarrollar nuevas tecnologías para poder hacer esta observación, ya que hasta ahora ningún instrumento en el mundo es capaz de hacerla”, comenta.
Esa combinación entre ciencia y tecnología ha sido una constante en su carrera. Para Eduardo, avanzar en astronomía de frontera implica moverse entre conceptos científicos, diseño instrumental, pruebas de laboratorio, desarrollo tecnológico y colaboración entre equipos altamente especializados.
Roman Space Telescope, una misión emblemática
Uno de los hitos más relevantes de su trayectoria reciente ha sido su participación en el Roman Space Telescope de la NASA, una misión de gran escala en la que ha trabajado durante más de una década y que se lanza a fines de agosto de 2026.
Eduardo lo describe como una experiencia especialmente significativa y de largo aliento, tanto por la magnitud científica de la misión como por el largo proceso que permitió llevar una idea tecnológica desde sus primeras etapas hasta su integración en una misión espacial.
“Llevo 15 años trabajando en Roman y he hecho de todo, desde el desarrollo del concepto de la misión hasta la articulación científica de la misma. Trabajé tanto en la fabricación de componentes, ensamblaje de ópticas, alineaciones, como en la infusión de la tecnología en la misión. Yo estaba ahí con los espejos y los fierros, montando lo que va a volar”, relata.
El Roman Space Telescope incorpora un coronógrafo, instrumento diseñado para bloquear la luz de una estrella y permitir la observación de objetos mucho más débiles a su alrededor, como exoplanetas. “El coronógrafo en el que trabajé 15 años de mi carrera, cuenta con una tecnología apropiada para resolver el misterio de Alfa Centauri, capaz de detectar un planeta alrededor de Alfa Centauri A o B. Eso es un tremendo orgullo y una felicidad después de tantos años trabajando en el tema”, afirma.
Una idea, una misión
Uno de los aspectos que más destaca Eduardo es el recorrido que puede tener una idea científica cuando logra transformarse en tecnología real para una misión de gran escala. En su caso, esa historia comenzó con una propuesta para observar planetas alrededor de estrellas binarias, como Alfa Centauri.
“Yo partí con una idea para poder ver planetas alrededor de estrellas binarias, porque Alfa Centauri es binario. Son dos estrellas, y esto constituye un problema muy difícil de resolver. Se me ocurrió una idea para hacerlo en 2015 y partí con una beca interna de NASA Ames de 50 mil dólares”, relata.
Desde esa primera etapa, el proyecto fue creciendo y hoy se encuentra entre las misiones más emblemáticas de la agencia.
“Este proyecto, que partió con la beca de NASA Ames, pronto se expandió. Hicimos todo el desarrollo de tecnología de acuerdo con los protocolos de la NASA hasta su infusión en Roman, misión Flagship de la NASA”, señala.
Eduardo comenta que tiene muchas ganas de compartir sobre esta gran experiencia. “Este es un proceso espectacular de seguir y entender, porque tiene múltiples etapas. Tiene un aspecto técnico, uno político y uno programático. Participar en este proceso ha sido una experiencia muy bonita y creo que es muy valioso compartirla con los demás”, comenta.
Su testimonio permite observar una dimensión muchas veces poco visible de la ciencia espacial: el largo camino que conecta una pregunta científica, una idea inicial, una prueba tecnológica, una red de colaboración y finalmente una misión que llegará al espacio.
El valor de la conexión
Al reflexionar sobre los lazos académicos y científicos internacionales, Eduardo vuelve a destacar que Fulbright le ofrece a sus becarios y becarias la posibilidad de formar parte de una gran comunidad altamente conectada, un aspecto que, sin duda, marca la experiencia de cada participante.
“Muchos de los compañeros de Fulbright de mi generación, o de generaciones cercanas, seguimos siendo muy buenos amigos. La mayor parte está acá en el Bay Area, en San Francisco, o en sus países de origen, en Buenos Aires, Brasil, Suiza. Es una red muy estrecha”, comenta.
Para él, el valor de esas redes no está solo en el contacto profesional, sino también en la energía creativa que surge cuando personas formadas en distintas disciplinas comparten ideas, experiencias y proyectos.
“Cuando uno hace un doctorado y se especializa mucho en algunas áreas, al conectar con alguien que hace algo un poco paralelo, que no está directamente relacionado, pero donde los fundamentos de la física son los mismos, aparecen ideas muy buenas”, explica.
Esa circulación de ideas sostiene y puede tener efectos muy positivos. “El valor de esta red es enorme. Si hay un mensaje de agradecimiento que le puedo dar a Fulbright, es que la oportunidad de participar en diversos eventos de networking de Fulbright, donde nos juntamos todos, es invaluable. De esos espacios salen cosas muy positivas para Chile, para Estados Unidos, para los becarios, para las universidades, para la ciencia básica y para la generación de empleo y emprendimiento”, afirma.
Consejos para nuevas generaciones científicas
Como Senior Optical Scientist en la NASA e integrante de la comunidad Fulbright, Eduardo recibe constantemente mensajes y preguntas de gente interesada en desarrollar carreras internacionales en astronomía, ingeniería óptica y áreas aeroespaciales. Su consejo para todos y todas es “venir a estudiar a Estados Unidos, insertarse en ecosistemas científicos acá y construir relaciones profesionales sólidas es fundamental e invaluable”.
Además, destaca la importancia de participar activamente en sus programas y conectar con otros estudiantes, académicos e investigadores. “En astronomía, en ingeniería aeroespacial, en telescopios ópticos y en todos estos campos, las relaciones que se desarrollan entre profesionales son esenciales”, señala.
Para Eduardo, esas relaciones se construyen a partir del trabajo riguroso, la confianza profesional y la participación activa en comunidades científicas. Las oportunidades, explica, muchas veces surgen porque otros colegas conocen el trabajo realizado, valoran la contribución de una persona y confían en su capacidad.
“El hecho de que te inviten a dar una charla, que te inviten a un comité, que seas parte de un grupo de decision making o que te elijan para un cargo, todo depende de las relaciones que vayas haciendo. Hay que conocer gente, hay que hacer un buen trabajo, te tienen que respetar, y de ahí se dan todas esas cosas”, comenta.
Su mensaje para estudiantes e investigadores jóvenes es valorar las oportunidades de formación internacional, especialmente cuando permiten integrarse a entornos donde convergen ciencia, tecnología, colaboración y desarrollo profesional.
“Es muy difícil igualar la experiencia que significa venir a estudiar en Estados Unidos, hacer un doctorado o un magíster e insertarse en este ecosistema. Es invaluable. Yo diría que esa es una oportunidad única”, afirma.
Ciencia chilena en la frontera de la exploración espacial
La trayectoria de Eduardo Bendek muestra cómo una experiencia Fulbright puede integrarse a un recorrido científico de largo aliento, donde confluyen formación avanzada, redes internacionales, investigación de frontera y desarrollo tecnológico de alta precisión.
Su historia también permite acercar a la comunidad Fulbright a una dimensión concreta de la exploración espacial. El trabajo paciente, colaborativo y altamente especializado que hace posible que una idea científica avance desde el laboratorio hasta una misión de la NASA.
Desde Fulbright Chile, celebramos la trayectoria de Eduardo y agradecemos que comparta con nuestra comunidad una experiencia marcada por el compromiso de contribuir al desarrollo científico desde uno de los campos más desafiantes hoy, la exploración espacial y los misterios del universo.
Tú podrías vivir una experiencia como la de Eduardo. Revisa nuestros programas aquí.